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domingo, 14 de enero de 2018

El amor como base del plato estrella


Mamá Margarita es invitada a vivir en el oratorio de Valdoco "a mis chicos les falta una familia"


Su madre le pregunta “¿Qué podría hacer yo por ellos?” y Don Bosco le contesta “Darles tu amor”. Para que los chicos del oratorio se sintieran en casa, don Bosco creía que necesitaban sentir el amor que él y sus hermanos habían sentido siempre en su casa gracias a su madre, sentirse queridos, y es que el amor se puede dar sin ser madre o hermano. Don Bosco creía que era muy importante para ser felices. De ahí que el amor forme parte de uno de sus mejores platos.

DON BOSCO EL CHEF DEL CORAZÓN

Don Bosco tiene un gran restaurante en todo el mundo, se llama“SALESIANOS”   ¡Es el único que tiene cuatro estrellas Michelín! por la calidad del producto, el dominio de los sabores, la regularidad, la relación calidad/precio y la creatividad del chef, ¡Don Bosco! 
La mesa de Don Bosco contiene sus cuatro platos más importantes: Casa, Patio, Iglesia y Escuela
El aroma de sus platos llegan desde la cocina salesiana como la vocación llega a nuestras vidas, cuando Dios mismo prepara “La receta de la Felicidad”  








Y este podría ser su primer plato estrella: 



miércoles, 18 de enero de 2017

viernes, 23 de octubre de 2015

Leemos un libro sobre Don Bosco "Las cosas de Don Bosco"

"Soy el granero de la casita de I Becchi. Nací pequeño y humilde; siempre dispuesto a ofrecer lo mejor de mí mismo. Estaba formado por tres compartimentos. El más grande para las mazorcas de maíz; los otros dos, para el trigo y la cebada.
Los graneros aprendemos desde pequeños la única lección que guía nuestra existencia: dar y recibir. Hacia el final del verano recogemos en nuestro interior el milagro de la cosecha. Durante el invierno ofrecemos el grano, anticipo de hogazas compartidas.
Siempre cumplí mi misión... hasta que sobrevinieron aquellos años de terrible escasez, "el tiempo del gran miedo". Todas las cosechas se malograron a causa de unos inviernos de fuertes heladas y unos veranos de atroces sequías.
Mis reservas disminuían. Al principio tan solo lo notó Mamá Margarita. Su preocupación se transformó en temor. Hacía pocos meses que había quedado viuda. La responsabilidad le abrumaba. Cuando comprobó que no quedaba ni trigo, ni cebada, ni maíz, su miedo se convirtió en angustia... ¿Cómo alimentar a sus pequeños y a la abuela?
Mi fortaleza se debilitó. Temblaba al escuchar historias de gentes muertas de hambre por los caminos.
Aunque me esforcé por ser un granero responsable, un día Mamá Margarita tuvo que barrer mi rugoso suelo para hacer acopio del último puñado de trigo. Decepcionado de mí mismo, desee mi final. Un granero vacío no merece vivir. Perdí la noción del tiempo. Los sonidos se tornaron lejanos. Mi último recuerdo fueron las voces de Antonio, José y Juan, los hijos de Mamá Margarita, que suplicaban un poco de pan entre sollozos. Luego, el silencio oscuro del hambre.
No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que regresé a la luz. Al principio creí que el milagro se debía a los cuatro sacos de trigo que, comprados por Mamá Margarita a precio de oro, llenaban nuevamente mis paredes vacías. Pero lo que realmente me devolvió a la vida fueron las palabras que Mamá Margarita repitió a sus hijos como una oración: "Vuestro padre me dijo antes de morir que confiara en Dios, que rezara y tuviera coraje. En casos extremos, remedios extremos".
Han pasado muchos años. Aunque sigo siendo un humilde granero, aquella frase todavía resuena en mí. Y es que Juan Bosco, ahora sacerdote, se la repite cada otoño a los chicos pobres de Turín que trae de excursión a I Becchi. Ambos aprendimos de Mamá Margarita que la fe en Dios, la valentía y el trabajo incansable renuevan diariamente el milagro de un granero lleno de pan para los hijos. El mismo prodigio que Don Bosco repite cada día para los chicos pobres de Turín que acoge en su oratorio."
Las cosas de Don Bosco. CCS

José Joaquín Gómez Palacios

miércoles, 7 de enero de 2015

¡FELIZ 2015!

Empezamos un año muy especial para los Salesianos, el año del bicentenario del nacimiento de nuestro fundador.

Que durante este año tengamos más presente que nunca su carisma y seamos como él.


sábado, 8 de noviembre de 2014

JUANITO Y LA BOTELLA DE ACEITE

Tenía Juanito ya ocho años cuando un día, mientras su madre había ido a un pueblo cercano para sus asuntos, quiso alcanzar algo que estaba colocado en lo alto de un armario de la cocina.
Como no alcanzaba, arrimó un taburete, se subió a él y, al levantar el brazo, chocó con la aceitera, que cayó al suelo y se rompió.
-¡Ay de mí!
¿Qué podía hacer?
Un estropajo y a fregar el aceite. Pero a ver quién era capaz de quitar aquella mancha y aquel olor…
Juanito pensó cómo evitar a su madre aquel disgusto, pero sabía que había actuado mal.
Así que cogió una vara y salió a esperar a que llegara su madre.
-          ¡Hola mamá!
-          ¡Hola Juanín!
-          Mamá…toma la vara…
-          ¿qué ha pasado?
-          Que..me subí al vasar… hice así…y desgraciadamente se cayó la aceitera al suelo y se rompió… merezco que me castigue.
Mamá Margarita contempló a su hijo, miró la vara y, sonriendo le dijo:

-          Lo siento; comprendo que no has tenido la culpa y te perdono. Pero no olvides nunca mi consejo: antes de hacer algo, piensa en las consecuencias. Has de ser más juicioso, ¿entendido?, pero me alegro de que hayas entendido que lo mejor es decir siempre la verdad. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

LAS COSAS DE DON BOSCO

Como cada jueves os traemos un trocito de la vida de don Bosco, esta vez contada por sus cosas, las cosas de Don Bosco.

"Soy el granero de la casita de I Becchi. Nací pequeño y humilde; siempre dispuesto a ofrecer lo mejor de mí mismo. Estaba formado por tres compartimentos. El más grande para las mazorcas de maíz; los otros dos, para el trigo y la cebada.
Los graneros aprendemos desde pequeños la única lección que guía nuestra existencia: dar y recibir. Hacia el final del verano recogemos en nuestro interior el milagro de la cosecha. Durante el invierno ofrecemos el grano, anticipo de hogazas compartidas.
Siempre cumplí mi misión... hasta que sobrevinieron aquellos años de terrible escasez, "el tiempo del gran miedo". Todas las cosechas se malograron a causa de unos inviernos de fuertes heladas y unos veranos de atroces sequías.
Mis reservas disminuían. Al principio tan solo lo notó Mamá Margarita. Su preocupación se transformó en temor. Hacía pocos meses que había quedado viuda. La responsabilidad le abrumaba. Cuando comprobó que no quedaba ni trigo, ni cebada, ni maíz, su miedo se convirtió en angustia... ¿Cómo alimentar a sus pequeños y a la abuela?
Mi fortaleza se debilitó. Temblaba al escuchar historias de gentes muertas de hambre por los caminos.
Aunque me esforcé por ser un granero responsable, un día Mamá Margarita tuvo que barrer mi rugoso suelo para hacer acopio del último puñado de trigo. Decepcionado de mí mismo, desee mi final. Un granero vacío no merece vivir. Perdí la noción del tiempo. Los sonidos se tornaron lejanos. Mi último recuerdo fueron las voces de Antonio, José y Juan, los hijos de Mamá Margarita, que suplicaban un poco de pan entre sollozos. Luego, el silencio oscuro del hambre.
No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que regresé a la luz. Al principio creí que el milagro se debía a los cuatro sacos de trigo que , comprados por Mamá Margarita a precio de oro, llenaban nuevamente mis paredes vacías. Pero lo que realmente me devolvió a la vida fueron las palabras que Mamá Margarita repitió a sus hijos como una oración: "Vuestro padre me dijo antes de morir que confiara en Dios, que rezara y tuviera coraje. En casos extremos, remedios extremos".
Han pasado muchos años. Aunque sigo siendo un humilde granero, aquella frase todavía resuena en mí. Y es que Juan Bosco, ahora sacerdote, se la repite cada otoño a los chicos pobres de Turín que trae de excursión a I Becchi. Ambos aprendimos de Mamá Margarita que la fe en Dios, la valentía y el trabajo incansable renuevan diariamente el milagro de un granero lleno de pan para los hijos. El mismo prodigio que Don Bosco repite cada día para los chicos pobres de Turín que acoge en su oratorio."

Las cosas de Don Bosco. CCS
José Joaquín Gómez Palacios

jueves, 2 de octubre de 2014

Buenos días 2 octubre

Como cada jueves vamos a hablar de Don Bosco, a conocerle un poco más.
Don Bosco solía tener sueños que tiempo después interpretaba y le enseñaban muchas cosas. Uno de ellos es el conocido como “Sueño de los diez diamantes”.
En este sueño aparecía él con una capa, como la de los superhéroes, y parecida a la casulla que llevan los sacerdotes, que estaba adornada con diez diamantes muy brillantes. Dos de esos diamantes abrochaban la capa a sus hombros para que no se le cayera. Y cuando se estaba quedando alucinado por toda la luz que desprendían los diamantes…todo se apagó! Y los diamantes se convirtieron en polillas que destrozaron la capa.
Dice que en cada uno de los diamantes se leía algo, y en los de los hombros, los que sujetaban toda la capa, ponía: TRABAJO y TEMPLANZA.

Cuando años después Don Bosco entendió su sueño, le explicaba a los salesianos que esos diamantes los tenemos todos, pero que tenemos que cuidarlos para que no acaben las polillas con la capa, porque allí donde había diamantes las polillas habían dejado agujeros y en los agujeros se podían leer los enemigos de los diamantes, y en el caso de los hombros ponía: sueño, y pereza. Esos son algunos de los enemigos de los dones y talentos que esta semana nos proponíamos mejorar durante el curso, si nos puede la pereza no sacaremos provecho a nuestros dones.